[pdf] Diccionario de Traducción Neocón-Castellano

Diccionario Neocon-CastellanoAAutores: Personas anónimas que han trabajando en él para mejorarlo y ampliarlo, de forma completamente abierta y participativa.

Este diccionario surgió de que cada vez cuesta más entender lo que escuchamos y leemos. Giros, eufemismos, cambios de sentido… El lenguaje es utilizado por el poder como herramienta ideológica, para modificar la percepción de la realidad que vivimos, para suavizarla y hacérnosla tragar.

Es un diccionario en proceso, que nuestras políticas y medios de comunicación, con su enorme imaginación para tergiversar el lenguaje, se ocupan en agrandar cada día.
Una ayuda para entender el mundo en el que vivimos.

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[Article] Contradicciones del Manifiesto por una lengua común

Manifiesto por una lengua común

Publicado en “El País” el 23 de junio de 2008

Documento presentado en el Ateneo de Madrid

Firmado por Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, José Luis Pardo, Alvaro Pombo, Ramón Rodríguez, José Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater y Fernando Sosa Wagner.

Contradicciones del Manifiesto por una lengua común

por Juan Carlos Moreno Cabrera

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación.

Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

 

1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

 

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).

El manifiesto por la lengua común presentado el pasado mes de junio en Madrid comienza con la siguiente afirmación: “Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas […] sólo una de ellas es común a todos […] por tanto sólo una de ellas –el castellano– goza del deber constitucional de ser conocida”. Este enunciado contiene una contradicción que recorre de arriba abajo todo el manifiesto. Consiste en afirmar, por un lado, que todas las lenguas oficiales son igualmente españolas y, por otro, que sólo una de ellas goza del deber constitucional de ser conocida. Es decir, no todas las lenguas oficiales son igualmente españolas: una es mucho más española que las demás. No sólo esto; es que además se contradice de forma palmaria el segundo punto del comunicado. En efecto, a continuación se dice que “son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas”. Si esto es así, entonces no debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los derechos del mundo.

Pero ¿sólo las personas individuales tienen derechos y deberes? Que se sepa, existe una entidad política denominada España, con un territorio bien definido y en el que hay una lengua oficial denominada español. Esa entidad se define, entre otras cosas, mediante el derecho a usar esa lengua en todo el territorio del Estado y en todos los organismos oficiales. ¿No está asociada España a derechos lingüísticos y territoriales? ¿No ha ejercido en más de una ocasión España, a través de sus representantes, el derecho a que el español sea reconocido en la Unión Europea como lengua oficial que es de un estado miembro?

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[Libro-PDF] La intoxicación lingüística. El uso perverso de la lengua

La intoxicación lingüística. El uso perverso de la lengua

Vicente Romano

Vicente Romano ha desgranado en nueve temas centrales el uso contaminante del lenguaje, desde el discurso capitalista, la información entendida en todas sus acepciones junto con los intereses que la mueven, deteniéndose ampliamente en el proceso de comprensión y denuncia de esa elite intelectual a la que nada le parece más científico que un texto incomprensible, la propaganda, que como se sabe pretende hacer creer algo y persuadir de algo haciendo especial uso de la simplificación, la repetición o el silenciamiento, de las que pone el mejor ejemplo: las técnicas propagandísticas de los nazis en el siglo XX, modelo tomado por el Washington de hoy (sorprende ver las similitudes). Una vez cruzados estos preámbulos pasa Romano a las aplicaciones prácticas de esas técnicas de perversión lingüística.

(lahistoriadeldia)