#JudiciParlament Ante los hechos represivos que vivimos, qué oportuna y actual la reflexión de Fiódor Dostoievski:

torturas-a-los-periodistas“Hay personas como tigres, ansiosas de lamer la sangre.
Quien ha experimentado una sola vez el poder, el dominio ilimitado sobre el cuerpo, la sangre y el espíritu de otro hombre igual a él, que ha sido creado de la misma manera, que es su hermano por la ley de Cristo;
quien ha experimentado el poder y la capacidad absoluta para humillar de la forma más denigrante a otra criatura portadora de la imagen divina,
ése pierde por fuerza el control sobre sus propios sentimientos.
La crueldad es un hábito: es susceptible de desarrollarse, y de hecho se desarrolla hasta convertirse en una enfermedad. Estoy convencido de que el mejor de los hombres puede endurecerse y embrutecerse, por culpa de ese hábito, hasta el nivel de las fieras.
La sangre y el poder embriagan: la grosería y la depravación se van desarrollando: la inteligencia y el sentimiento admiten las mayores aberraciones, y acaban por considerarlas placenteras.
La persona, el ciudadano, desaparece para siempre, cediendo paso al tirano, y el regreso a la dignidad humana, al arrepentimiento, al renacer, se convierte en algo punto menos que imposible. Además, en vista de que se puede ejercer semejante tiranía, el ejemplo cunde y se extiende por el cuerpo social de forma contagiosa: se trata de un poder muy seductor.
Una sociedad que observa este fenómeno con indiferencia ya ha sido corrompida en sus mismos fundamentos.
En resumen, el derecho al castigo corporal, otorgado a una persona para ejercerlo sobre otras, es una de las lacras de la sociedad, así como uno de los medios más poderosos para exterminar en ella todo embrión, toda tentativa de desarrollar el espíritu cívico, y constituye la base más sólida para su descomposición absoluta e irreversible”.
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Dostoievski en “Memorias de la casa muerta”
Ilustración de Enki Bilal
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